Metodología

La originalidad no consiste en decir cosas que nadie ha dicho antes, sino en decirlas como si nunca hubieran sido dichas por nadie. – André Gide

Hay varios pasos y muchas herramientas, pero sólo una máxima: estar en sintonía con lo que resuena en ti, con tu verdadero yo, un yo extensísimo, fuente de riqueza. Actuar, es una cuestión de subir y bajar volúmenes.

Las tres fases de mi enfoque

Comenzamos activando el hemisferio izquierdo, analítico y racional, y terminamos en el derecho, donde la creatividad toma el control y la interpretación cobra vida. En este proceso hay una depuración de decisiones y uso de herramientas que son la clave para que tu interpretación se diferencie del resto.

1. Comprensión profunda del texto y su apropiación. Hemisferio izquierdo puro.

La interpretación es un viaje a la inversa de nuestra expresión natural. En la vida cotidiana, primero sentimos una necesidad (ya sea física, emocional y intelectual) y luego actuamos para satisfacerla. En cambio, en escena o al hablar en público, partimos de un texto y debemos descubrir qué lo impulsa.
Si eres actor o actriz, trabajaremos desde el guión para revelar las necesidades del personaje. ¿Cuáles son sus expectativas? ¿qué estrategias usa para alcanzarlas? A través de distintos enfoques, te guiaré para que hagas tuyo el texto y lo llenes de verdad.
Si necesitas hablar en público y crear tu propio discurso, te ayudaré a estructurarlo desde una base sólida: tus conocimientos, tu conexión con el mensaje y las necesidades de tu audiencia. El objetivo es que transmitas con seguridad, autenticidad y eficacia.

2. Integración, cuerpo y emoción: el puente entre hemisferios

Una vez que entendemos quién es nuestro personaje (o el rol que asumimos al comunicarnos) y qué quiere, empezamos a tender puentes que nos conectan con ese personaje o esa audiencia. 

Sobre una base auténtica -ni más ni menos que tú- empezamos a jugar y explorar. Tomamos decisiones conscientes y creativas que nos llevan, de manera inevitable, a una interpretación única, porque cada talento es irrepetible. No se trata de imitar, ni de “empujar”, sino de ser tú en las circunstancias de ese personaje o en el mensaje que quieres compartir.

Este proceso nace desde nuestra esencia, “sin artificios” por el momento, y dando entrada a una serie de técnicas creativas y entrenamiento emocional.

Aquí, el imaginario se expande, las posibilidades se multiplican y surgen nuevas capas de profundidad y creatividad.

3. Fase lúdica: libertad para volar. Hemisferio derecho on fire 

Los pasos previos han creado un suelo sólido. Ahora, el hemisferio derecho—la creatividad—toma el mando, liberando al hemisferio izquierdo de su control analítico. Toca jugar y hacer gala de artificios en el mejor sentido de la palabra: «Arte, primor, ingenio o habilidad con que está hecho algo».

Ya no buscas «hacerlo bien» ni repetir algo predefinido. En su lugar, simplemente eres, en el aquí y ahora. Ya sea en escena o en una ponencia, aprendes a responder a los estímulos del entorno: tus compañeros, el público, las circunstancias. Se produce esa conexión auténtica tan deseada.