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¿Alguna vez has comprado una cajita de regalo sin saber qué tamaño o forma tenía el regalo? Seguramente no.
En algunas áreas de la vida, el orden lógico es claro y fácil de seguir. Sin embargo, en otras, como la comunicación, a menudo nos complicamos. Sucede algo curioso, proliferan las recetas que buscan antes la forma que el fondo. Como:
“Utiliza para tu oratoria gestos con tus manos que denoten sinceridad, apertura y confianza para aderezar tu discurso”
Este error es común especialmente cuando el miedo a hablar en público nos empuja hacia soluciones rápidas o superficiales que al final nos distraen del verdadero objetivo: conectar con nuestra audiencia para entregarle un mensaje claro y auténtico.
La neurociencia lo explica bien. Dice Natareth Castellanos: “el cuerpo sabe lo que la mente aún no ha procesado” . El cuerpo responde antes, y mientras, el pensamiento se va gestando. Esto significa que primero va el gesto y luego la palabra, algo que los actores saben muy bien. Y este mecanismo lo percibimos también como público. Por tanto:
Si elaboras algo artificial o «ensayado» corporalmente en tu mensaje, tu audiencia también lo percibirá, aunque no se dé cuenta conscientemente. Esto genera rechazo y puede llevar a pensamientos como: “Esto suena falso”.
Cuando estudié periodismo practicábamos con el teleprompter, o autocue, para ensayar cómo presentar información a cámara. A esto lo llamaban «busto parlante»: lanzar noticias con claridad, y de forma aséptica. Bien, ¿qué presentadores/as de informativos han pasado a la historia televisiva? Seguro que se te está pasando más de uno/a por la cabeza. Aquellos que dejaron su marca personal, su impronta. Y lo hacían sin poder hacer ningún tipo de gesto, de ahí la expresión “busto parlante”.
A veces, elegimos un programa o informativo por quién lo presenta, ¿verdad? Entonces, ¿por qué anularte a ti misma creando gestos que no te pertenecen?
La forma llega una vez que tenemos claro el fondo, y llega de forma tan verdadera y clara que es un dardo certero a tu audiencia.
Entonces, ¿cómo preparar un discurso efectivo?
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Empieza por activar el motor de la emoción, encuentra lo que te mueve y te motiva del mensaje.
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Piensa en tu audiencia. ¿A quién crees que le es útil esa información? ¿en qué les puede ayudar?
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Dale estructura: marca el recorrido del discurso, esto te permitirá hablar libre de estar leyendo, porque conoces el orden de los puntos importantes.
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Ensaya primero en solitario, y después pule el discurso con alguien de tu confianza verás cómo de manera natural detectas lo que funciona y lo que no funciona.
El secreto está en compartir desde la autenticidad. Hablar desde lo que te emociona abrirá las emociones de tu audiencia. No necesitas artificios ni técnicas complicadas.
Recuerda: la gente no quiere que seas perfecta, quiere que seas real.
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